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UN NACIMIENTO CUSQUEÑO

Un cuento navideño... Fué en el Perú

“Cuando se tiene un talento como el de Ventura García Calderón, no hay página perdida” 

César Vallejo (1924, año de la publicación de "La Venganza del Cóndor")

Publicado: 2015-12-25


Ventura García Calderón, parisino –literalmente- de la cuna a la tumba aunque nacionalizado peruano, sobresalió en la crónica y en los cuentos, siendo La venganza del Cóndor la más representativa de éstos.

De 24 cuentos breves de la obra en cuestión, 2 giran en torno a Jesucristo: Fué en el Perú y Viernes Santo Criollo. El primero muestra a un Jesús mestizo, a una santa María indiecita y a un san José mulato; el segundo, a un Jesucristo rubio –o mejor aún- bermejo. Mientras que en el primero nació, en el segundo murió.

El autor modernista –cuyas obras completas han sido impresas en Francia en 1938, auspiciados por el gobierno peruano, y en 13 tomos- muestra en las mayoría de estos cuentos el tema de la venganza. A pesar de que Fué en el Perú narra un nacimiento alternativo de Jesucristo al clásico Belén – que dicho sea de paso es históricamente improbable- en la puna, la narradora –la negra Simona- manifiesta un deseo de venganza explícito y en tono profético advierte:

“ [Cuando Jesucristo resucite] (…) Entonces mandará afusilar a los blancos y los negros serán los amos (…)”

Sin embargo, no todo se reduce a la venganza , más bien se trata de una narración muy lecturable , con algunos peruanismos de origen quechua, un español andino muy característico en labios de la negra Simona - la narradora principal- , una llama que se arrodilla ante el natalicio del Cristo peruano y un parto acompañado , no por la tradicional trompetería bíblica, sino por melodiosas quenas celestiales.

Por eso y muchas cosas más, lee este cuento de navidad.

Addendum: Me acabo de enterar que para los académicos de la Enciclopedia Universal Salvat, La Venganza del Cóndor no es una colección de cuentos breves sino de novelas breves. En otras palabras, están en la misma calle.



FUÉ EN EL PERÚ


"Aquí nació, niñito", murmuraba la anciana masticando un cigarro apagado. Ella me hizo jurar discreción eterna; mas, ¿cómo ocultar al mundo la alta y sublime verdad que todos los historiadores falsifican? "Se aconchabaron para que no lo supiera náidenes porque es tierra pobre", me explicaba la vieja. Extendió la mano resquebrajada como el nogal para indicarme de qué manera se llevaron al niño lejos y nadie supo si nació en tierra peruana. Pero día ha de venir en que todo se cuente. Su tatarabuela, que Dios haya en su santa gloria, vio y palpó los piececitos helados por el frío de la puna; y fué una llama de lindo porte la primera que se arrodilló, como ellas saben hacerlo, con elegancia lenta, frotando la cabeza inteligente en los pies manchados de la primera sangre. Después vinieron las autoridades.

La explicación comenzaba a ser confusa; pedí nuevos informes, y minuciosamente lo supe todo: la huída, la llegada nocturna, el brusco nacimiento, la escandalosa denegación de justicia, en fin, que es el más torpe crimen de la Historia. "Le contaré -decía la vieja, chupando el pucho como un biberón-. Perdóneme, niñito; pero fué cosa de los blancos."

No podía sorprenderme esta nueva culpa de mi raza. Los blancos somos en el Perú, para la gente de color, responsables de tres siglos injustos. Vinimos de la tierra española hace mucho tiempo, y el indio cayó aterrado bajo el relámpago de nuestras espingardas. Después trajimos en naos de tres puentes, del Senegal o de allende, con cadena en los pies y mordaza en la boca, las "piezas de ébano", como se dijo entonces, que bajo el látigo del mayoral gimieron y murieron por los caminos.

También debía de ser aquella atrocidad cosa de los blancos, pues la pobre india doncella, aseguraba la vieja, tuvo que fugar a lomo de mula muy lejos, del lado de Bolivia, con su esposo, que era carpintero. "¡Si supiera, niñito, las lindas maderas que trujo de por allí mi compadre Feliciano!".

El relato de la negra Simona comienza a ser tan confuso, que es menester resumirlo con sus propias palabras: "Gobernaba entonces el departamento un canalla judío como los hay aquí tantos hoy día, niñito; uno de aquellos que hacen trabajar a los hijos del páis pagando coca y aguardiente no más. Si se niegan se les recluta para el Ejército. Es la leva, que llaman. Fué así como obtuvieron aquellos indios que le horadaron el pecho al Santo Cristo; pero esto fué más tarde y todavía no había nacido aquí. Agarró y mandó el prefecto que los indios no salieran de cada departamento, mientras en la tierra vecina otro que tal, hereje y perdido como él, no quería que tuvieran hijos porque se estaba acabando el maíz en la comarca. Entonces se huyeron, a lomo de mula, la Virgen, que era indiecita, y San José, que era mulato. Fué en este tambo, mi amito, en que pasaron la divina noche. Las gentes que no saben no tienen más que ver cómo esta vestida la virgen con el mismito manto de las serranas clavado en el pecho; con el topo de oro, y las sandalias, ojotas que llaman, en los pies polvorientos, sangrados en las piedras de los Andes. San José vino hasta el tambo al pie de la mula y en quechua pidió al tambero que les permitiera dormir en el pesebre. Todita la noche las quenas de los ángeles estuvieron tocando para calmar los dolores de Nuestra Señora, que no quería llamar a náidenes. Cuando salió el sol sobre la puna, ya estaba llorando de gozo porque en la paja sonreía su preciosura, su corazoncito, su palomita. Era una guagua linda, caray, que la Virgen como todas las indias quería colgar ya del poncho en la espalda. Entonces lo que pasó nadie podría creerlo, niñito. Le juro por estas santas cruces que las llamas del camino se pusieron de rodillas y bajó la nieve de las cimas como si se hubieran derretido con el calor los hielos del mundo. Hasta el prefeto comprendió lo que pasaba y vino volando. Cuando quien te dice que a la hora del hora se viene derechito seguido por un indio cacique y el rey de los mandingas, que era esclavo del mismo amo que mi tatarabuela. Esos son los reyes magos que llaman. El blanco, el indio y el negro venían por el camino, entre las llamas arrodilladas, que bajaban de las minas con su barrote de oro en el lomo. Hasta los cóndores de las altas peñas no atacaban ya a los corderos. Entonces, como iba diciendo, llegaron los tres hombres al tambo, y nunca más se ha visto que un prefeto blanco se ponga de rodillas junto a la cuna de un hijo del páis. Nunca en jamás los indios han vuelto a estar tan alegres como lo estuvieron en la puerta del tambo, bailando el cacharpari y mascando jora para la chicha que había de beber el santo niño. Ya los mozos de los alrededores llegaban trayendo los pañales de lana roja y los ponchitos de colores y esos cascabeles con que adornan a las llamas en las ferias. Y cuando llegó el prefeto con el cacique y el rey de los mandingas, todos callaron, temerosos. Y cuando el blanco dejó en brazos del niño santo la barra de oro puro, nuestro amito sonrió con desprecio. Y cuando los otros avanzaron gimoteando que no tenían para su amito y señor sino collares de guayruros y esos mates de colores en que sirven la chicha de jora y las mazorcas de maíz más doradas que el oro, Su Majestad, como le estaba diciendo, abrió los bracitos y jabló... La mala gente dirán que no podía jablar entuavía; pero el niño Dios lo puede todo y el rey de los mandingas le oyó clarito estas razones: "El color no te ofende, hermano." Entonces un grito de contento resonó hasta en los Andes, y todos comprendieron que ya no habría amos ni esclavos, ni tuyo ni mío, sino que todos iban a ser hijos parejos del amo divino como habían prometido los curas en los sermones. La vara de San José estaba abierta lo mismo que los floripondios, y los arrieros que llegaban dijeron que los blancos gritaban en la casa del cura, con el látigo en la mano. Sin que nadie supiera cómo ni qué manera, en menos tiempo que dura una salve, se llevaron al Niño en unos serones, poniendo al otro lado chirimoyas para que hicieran contrapeso. La Virgen y su santo Esposo iban detrás cojeando con el cepo en los pies.

"Y desde aquel tiempo, niñito, nadie puede hablar del estropicio en la provincia sin que lo anden mudar a chirona. Pero todos sabemos que Su Majestad murió y resucitó después y se vendrá un día por acá para que la mala gente vean que es de color capulí como los hijos del país. Y entonces mandará afusilar a los blancos y los negros serán los amos, y no habrá tuyo ni mío, ni levas, ni prefetos, ni tendrá que trabajar el pobre para que engorde el rico..."

La negra Simona tiró el pucho, se limpió una lágrima con el dorso de la mano, cruzó los dedos índice y pulgar para decirme:

"Un padrenuestro por las almas del purgatorio y júreme, niño, por estas cruces, que no le dirá a náidenes cómo nació en este tambo el divino hijo de Su Majestad que está en el cielo, amén."

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BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL:

García Calderón,V. La venganza del Cóndor. Peisa,1973 [Se ha mantenido la ortografía de esta edición del cuento.]

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DISCOGRAFÍA COMPLEMENTARIA

En la música popular del Perú podemos encontrar hasta 3 temas que parece que han sido influidos indirectamente por el cuento de García Calderón (Eso no excluye que posiblemente hayan algunas otras).

El primero Cholito Jesús , compuesto y escrito por Sonia Vásquez a fines de los 80's, y popularizado además en 1992 por el coro de niños del colegio Santo Toribio del Rímac en el último villancico de su álbum Los toribianitos.

El segundo es Cholito,toca y retoca del compositor español Salvador Ruiz de Luna . Este tema fue incorporado a los villancicos peruanos por el primer coro infantil del Perú en grabar villancicos, en su disco Super Ronda de Navidad de 1966.  

Cabe indicar que la letra original dice : Mi cholito está llorando / con un llanto muy sentido / porque el niñito Jesús/ en el Perú no ha nacido. Sin embargo, en este disco se quita el no y queda: En el Perú ha nacido, esto al final del villancico en ritmo de huayno.

Señor Don José, Señora María/ ha nacido en Lima, el Niño Manuel . Con esa frase inicia el villancico afroperuano Festejo de navidad de Hebert Britich Ramírez (música) y Alfredo Ostoja (letra) de 1965. Fue grabado también por los niños cantores de Chiclayo anteriormente mencionados en el disco Nuevas Rondas Navideñas de 1968 (sustraen el burum burum bum bum inicial y final).


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